domingo, 13 de diciembre de 2009

Decepciones

Creo que tengo la clave de todas las decepciones del mundo: las esperanzas. Si no se pusieran tantas esperanzas en algo o alguien no existirían las posteriores decepciones. Lo sé, no he descubierto la panacea; no obstante, pienso que su obviedad radica más en la teoría que en la práctica, porque, si lo sabemos, ¿por qué seguimos decepcionándonos? Supongo que esto es como el amor, como el vicio… forman parte de la estupidez humana (que la hay, y es muy grande). Sabemos que caeremos, sabemos que posiblemente perdamos y que nos dolerá, pero con todo y con eso, picamos.

Sin duda creo que todos sabemos que en la mayor parte de las ocasiones, la decepción nace de una gran virtud, quizá la más virtuosa (valga la redundancia): la bondad. La que mostramos a veces al esperar algo bueno de alguien, craso error en multitud de ocasiones, sobre todo en las que se basan en la experiencia.

¡No me lo esperaba de él!

En mi opinión, la decepción es una apuesta ciega, apostamos a que el destino siempre nos será favorable… absurdo del todo, lógicamente.

He podido comprobar también el punto sorprendente de la decepción porque siempre se oye eso de: ¡No me lo esperaba! Cuando esto sucede, no puedo evitar preguntarme si eso no podríamos haberlo evitado, simplemente por mi error de esperar de la gente más de lo que estos pueden o quieren ofrecer. Luego el epicentro de esta cuestión es que hay que conocer muy bien a la gente que nos rodea, así sabremos siempre hasta donde podemos esperar algo de ellos.

En mi caso, de vez en cuando (casi coincidiendo con cada decepción), analizo la relación que mantengo con las personas que me rodean: familiares, compañeros, pareja, amigos… (sobre todo estos últimos, que casi siempre son los que más problemas dan). Me detengo y pienso cómo es cada uno y cómo actúa conmigo, y entonces decido actuar en consecuencia. Pasado el tiempo he llegado a pensar que es un error actuar como realmente queremos, pienso que es mejor actuar como actúan con nosotros, así nunca daremos más que los demás, y por lo tanto nunca nos sentiremos mal por no recibir lo mismo.

Caminar con pies de plomo

Así sabré que no pasa nada porque uno se haya olvidado de felicitarme el cumpleaños; él es muy malo para las fechas, sin embargo está ahí para todo lo demás. Tampoco me enfadaré porque otra no quiera acompañarme a un viaje, porque sé que esa persona nunca se apuntará a una gran aventura, pero sí la tendré para otras muchas cuestiones. También sabré quién es un excelente compañero de fiesta, pero a quien le aturden los problemas que puedas contarle. Porque muchas veces las decepciones nos las propiciamos nosotros mismos por esperar mucho de la otra persona. No dudo de que quien tiene un amigo tiene un tesoro, pero quien tiene un amigo completo ha encontrado el paraíso, y como eso no es muy fácil que digamos, mejor conocer a cada amigo y saber qué esperar de él en cada momento. (Lo mismo ocurre con la pareja, pero eso es un capítulo más amplio). Es una buena terapia, la recomiendo.

Al margen de todo esto quedan las grandes decepciones, las que aún sabiendo cómo es la persona te llegan a lo más profundo del corazón y te duelen para los restos. Qué duda cabe de que éstas son las peores, y para éstas no he encontrado solución todavía.

De todas formas, y sin querer desmontar mi teoría, creo que tarde o temprano volveré a decepcionarme porque, no nos engañemos, la esperanza nunca se pierde, y además, sería muy triste que así fuera, pero nunca está de sobra llevar pies de plomo.

3 comentarios:

  1. Como me ha gustado Mge, más de una vez he pensado lo mismo que tú...

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  2. Patri! me alegro que haya gustado!Por lo menos así lo creo que yo...
    bss
    Gracias por leerme.

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  3. Amén pequeña, me ha encantado! Yo creo q el punto radica en que cuando una nueva relación surge en tu vida, ya sea del tipoq sea, amistosa o romántica, nace ya con esperanza y aunque en el comienzo quieras llevar pies de plomo llega un punto q pierdes el norte, por eso incluso hay ocasiones en las que estas viendo las señales de que esa persona terminará fallándote, jugándotela, pero preferimos buscar posibles explicaciones y mantener nuestra esperanza en esa persona... entonces la caída es aún más dura...

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