miércoles, 23 de diciembre de 2009

lunes, 21 de diciembre de 2009

Adiós a Brittany Murphy


Mis entradas continúan girando en torno al cine, pero esta vez por una desgraciada noticia. La actriz Brittany Murphy ha muerto. . La verdad es que no me lo puedo creer y me da mucha pena. Es una actriz que me encantaba, me parecía muy guapa, muy simpática, muy dulce y muy alegre. Al menos eso es lo que me transmitían los papeles de sus películas. Es de esas personas que no conoces pero que te caen muy bien.

En el fondo soy un poco bruja, porque el otro día estaba viendo Niñera a la fuerza (en la que comparte cartel con Dakota Fanning, a quien nombré en mi anterior entrada por su mínima participación en Luna Nueva, y quien está increíble en esta película a pesar de su corta edad, y aún más en El Escondite, escalofriante peli de terror)y me paré a pensar lo monísima que era esta chica y lo simpática que parecía. Además, me fije en que, últimamente, estaba muy delgada. Pero no empecemos a adelantar acontecimientos porque de momento sólo se sabe que falleció por un paro cardíaco.

De Brittany Murphy me quedan en la memoria, además de
múltiples series y doblajes de filmes de animación, papeles como Ni una palabra, junto a Michael Douglas; Inocencia interrumpida, con Angelina Jolie; una infumable y enésima versión de la Profecía, con Christopher Walken; y grandes comedias románticas como Amor y otros desastres, y Recién casados (recomendable para estas navidades), con Ashton Kutcher, con quien mantuvo una relación fuera de las cámaras y quien se ha apresurado a expresar sus condolencia en su página de Twitter.


Lamento muchísimo su muerte, de verdad, y más cuando leo rumores como que ella y su marido, el guionista británico Simon Monjack,pretendían tener su primer hijo en 2010...

sábado, 19 de diciembre de 2009

Luna Nueva y pectoral



La segunda película perteneciente a la saga Crepúsculo ha resultado, como bien se había anunciado, un despliegue de pectorales musculados para el disfrute de la vista. Y yo, encantada. El vampiro más de moda está estupendo, como en la anterior cinta. Bella, muy mona y muy enamorada. Sin embargo, la gran revelación de esta película es el amigo Jacob. Cómo decirlo finamente para no caer en delito (puesto que es menor)... digamos que el chico está muy bien, vamos, que no le duele nada. De sobra nos han metido por los ojos en la promoción que el joven indio ha crecido, ¡y muy pero que muy bien! y así ha resultado. Y es que te dan ganas de volverte "filanlicántropa" (si es que este término pudiera llegar a existir).

Por lo demás, la historia me deja un poco fría. Se citan a personajes como la actriz Dakota Fanning, que interpreta a Jane, y esto que os digo os deja como si nada, ¿verdad? ¡Lógico! Que no sepáis quién es se debe a que aparece unos siete minutos en todo el filme y tiene, creo que son, tres frases... La verdad es que admiro a esta chica, porque creo que siendo muy niña ha hecho grandes papeles, pero en Luna Nueva... como que me sabe a poco.


Lo cierto es que me quedo con Crepúsculo, y no es para llevar la contraria a mis amigas; es que la historia me llegó más al corazón. Creo que ésta pecó de mucha espectación. Lo cual no quiere decir que no esté deseando que llegue a los cines la siguiente: Eclipse.

http://www.twilightthemovie.com/

viernes, 18 de diciembre de 2009

Como las muñecas de Famosa...

No titulo esta entrada haciendo referencia a las muñecas de Famosa porque se acerque peligrosamente la muy "entrañable" navidad; sino porque, la gracia que tenían en los andares estos juguetes en el célebre anuncio navideño es exactamente igual a la que demuestran los leoneses estos días caminando por sus calles. Y no precisamente porque se dirigan al portal, bueno sí, al de su casa, y a sus trabajos, y los que pueden, a dejar a los niños al cole.



Parece que la sal, el trabajo realizado por los vecinos y comerciantes con las palas, y el día soleado no han afectado a la nieve que aún sigue en nuestras aceras y carreteras. ¿Lo peor de todo? que las temperaturas de -1 grado de máxima, y -11 de mínima han convertido las vías en placas de hielo que son terriblemente peligrosas, pero que también tienen su punto de gracioso al descubirte a ti misma caminando como Chiquito de la Calzada.



Es en estas situaciones cuando te das cuenta de que necesitas comprarte unas buenas botas de goma que agarren y a la vez que sean impermeables. Y ya que te pones, pues ¿por qué no comprarlas de un tono colorido y alegre para paliar la tristeza invernal? Pues mira no, resulta que no las vas a comprar de ningún color y forma porque las catiuscas de toda la vida ¡¡se han agotado en la capital leonesa!! (Por cierto, calzo un 40-41 para poner con calcetín bien gordo... ¡se aceptan regalos!)



En vista del percal, creo que no me queda más remedio que quedarme en casa, enroscarme en una manta, tomarme un chocolate caliente y ver una buena peli... ¡Qué sufrida! ¿no?

jueves, 17 de diciembre de 2009

Dicen que va a nevar...





... pero yo no me lo creo.







miércoles, 16 de diciembre de 2009

Ya está aquíííííí

La nieve ya está aquí. ¡Qué fríooo!
Con la llegada de la nieve comienzan los resbalones, las caídas, las fracturas, los atascos, los choques en cadena (esta mañana he visto una de cinco coches implicados, nada menos), accidentes de tráfico, gente sepultada en su casa... En fín. Como se suele decir: muy bonito si se ve desde casa enroscada en una manta.
¿La mejor parte? Los muñecos de nieve, las bolas, la diversión...
Creo que podría decirse que ya han empezado las navidades.









martes, 15 de diciembre de 2009

No tener pareja disminuye la independencia

No tener pareja disminuye la independencia. No, no es una contraindicación farmacológica de un medicamento, es la pura verdad. Tras años de soledad amorosa, he podido demostrar empíricamente cómo la falta de pareja reduce de manera considerable la autonomía de una persona. Sé que es paradójico, pero me explicaré. Partamos de la base de lo obvio que es que estando en pareja la parcela personal queda mermada; por lo que alguien podría pensar que las personas que están solas son libres como el viento… ¡pues no! Y os lo voy a demostrar.




Mis planes son no tener planes


Si no tienes pareja y aún eres joven tus padres no entienden cómo no quieres ir a pasar unos días con ellos a la casina del pueblo. En cambio, si tienes pareja, ni te lo proponen. Si no tienes novio, tu familia no entiende por qué no acudes a la típica comida familiar, que en caso de tener pareja sería totalmente eludible puesto que “la niña tiene otros planes”. Si no tienes pareja, no puedes tener otros planes, parece como que no es compatible; incluso si tus planes son no tener planes.




No obstante, la familia no es la única “institución” donde ocurre esto. Los amigos no entienden por qué no vas a esa fiesta tan increíble si no tienes novio. Hasta que te embrollas en mil excusas para decir que, simplemente, ese día no te apetece. Pero si tienes pareja, entienden perfectamente que vayas a otro sitio con ella.






Dos máximas: Los solteros no siempre quieren juerga, y los casados no tienen por qué estar “muertos”


Quiero sentar dos bases para entender la vida de los solteros. Uno: aunque estemos solteros, no siempre queremos ir a una súper fiesta o acudir a un planazo increíblemente divertido. En muchas ocasiones también puede apetecernos quedarnos en casa a ver una peli, leer un libro, o no hacer nada, sin más. Y no por eso nos pasa algo raro. También aprovecho para comunicar a todos los casados, “arrejuntados” o “ennoviados” del mundo que, de la misma manera que nosotros podemos quedarnos en casa un sábado, vosotros cualquier otro sábado podéis salir de fiesta, porque tener pareja no implica una muerte social, como normalmente ocurre.



Y segundo: No por estar solos tenemos que comernos todas las reuniones familiares o actos similares a los que estamos muy a gusto sin acudir y a los que no se nos invitaría si tuviéramos pareja. Y qué me decís de aquello de “¿pero qué vas a hacer tú sola?”… eh, estar sola, precisamente. Disfrutar de mi apreciada independencia personal, la que aún no me habéis robado.




El problema de los nuevos solteros


Sin embargo yo ya estoy acostumbrada a lidiar con todos estos temas, al fin y al cabo mi vida es una pura explicación andante. El gran problema lo tienen los nuevos solteros, los que tras años de muerte social en pareja han vuelto a disfrutar de su independencia externa en detrimento de la interna a manos de su familia y amigos. Tras años de vacaciones en pareja sin dar porqués y cómos a nadie, ahora se encuentran con la labor de tener que decidir si quieren o no acompañar a sus padres de vacaciones a la costa…


Esto es peor.



lunes, 14 de diciembre de 2009

Primera vez



Hay muchas primeras veces, pero la de hoy es la primera vez que cojo a Julián en brazos... ¡¡y qué sean muchas más!! ¡¡Es riquísimo, menudo solete!!

domingo, 13 de diciembre de 2009

Decepciones

Creo que tengo la clave de todas las decepciones del mundo: las esperanzas. Si no se pusieran tantas esperanzas en algo o alguien no existirían las posteriores decepciones. Lo sé, no he descubierto la panacea; no obstante, pienso que su obviedad radica más en la teoría que en la práctica, porque, si lo sabemos, ¿por qué seguimos decepcionándonos? Supongo que esto es como el amor, como el vicio… forman parte de la estupidez humana (que la hay, y es muy grande). Sabemos que caeremos, sabemos que posiblemente perdamos y que nos dolerá, pero con todo y con eso, picamos.

Sin duda creo que todos sabemos que en la mayor parte de las ocasiones, la decepción nace de una gran virtud, quizá la más virtuosa (valga la redundancia): la bondad. La que mostramos a veces al esperar algo bueno de alguien, craso error en multitud de ocasiones, sobre todo en las que se basan en la experiencia.

¡No me lo esperaba de él!

En mi opinión, la decepción es una apuesta ciega, apostamos a que el destino siempre nos será favorable… absurdo del todo, lógicamente.

He podido comprobar también el punto sorprendente de la decepción porque siempre se oye eso de: ¡No me lo esperaba! Cuando esto sucede, no puedo evitar preguntarme si eso no podríamos haberlo evitado, simplemente por mi error de esperar de la gente más de lo que estos pueden o quieren ofrecer. Luego el epicentro de esta cuestión es que hay que conocer muy bien a la gente que nos rodea, así sabremos siempre hasta donde podemos esperar algo de ellos.

En mi caso, de vez en cuando (casi coincidiendo con cada decepción), analizo la relación que mantengo con las personas que me rodean: familiares, compañeros, pareja, amigos… (sobre todo estos últimos, que casi siempre son los que más problemas dan). Me detengo y pienso cómo es cada uno y cómo actúa conmigo, y entonces decido actuar en consecuencia. Pasado el tiempo he llegado a pensar que es un error actuar como realmente queremos, pienso que es mejor actuar como actúan con nosotros, así nunca daremos más que los demás, y por lo tanto nunca nos sentiremos mal por no recibir lo mismo.

Caminar con pies de plomo

Así sabré que no pasa nada porque uno se haya olvidado de felicitarme el cumpleaños; él es muy malo para las fechas, sin embargo está ahí para todo lo demás. Tampoco me enfadaré porque otra no quiera acompañarme a un viaje, porque sé que esa persona nunca se apuntará a una gran aventura, pero sí la tendré para otras muchas cuestiones. También sabré quién es un excelente compañero de fiesta, pero a quien le aturden los problemas que puedas contarle. Porque muchas veces las decepciones nos las propiciamos nosotros mismos por esperar mucho de la otra persona. No dudo de que quien tiene un amigo tiene un tesoro, pero quien tiene un amigo completo ha encontrado el paraíso, y como eso no es muy fácil que digamos, mejor conocer a cada amigo y saber qué esperar de él en cada momento. (Lo mismo ocurre con la pareja, pero eso es un capítulo más amplio). Es una buena terapia, la recomiendo.

Al margen de todo esto quedan las grandes decepciones, las que aún sabiendo cómo es la persona te llegan a lo más profundo del corazón y te duelen para los restos. Qué duda cabe de que éstas son las peores, y para éstas no he encontrado solución todavía.

De todas formas, y sin querer desmontar mi teoría, creo que tarde o temprano volveré a decepcionarme porque, no nos engañemos, la esperanza nunca se pierde, y además, sería muy triste que así fuera, pero nunca está de sobra llevar pies de plomo.

jueves, 10 de diciembre de 2009

¡¡¡ Bienvenido, Julián !!!


Hoy 10 de diciembre de 2009 a las 3 de la madrugada han nacido 51 centímetros y 3.800 gramos de vida, de ternura: mi seudo sobrino Julián.


Esto me ha hecho reflexionar sobre la normalidad con la que se muestra hoy en día un nacimiento y, sin embargo, lo mágico, lo increíble que es traer al mundo una vida. Entre flores, bombones, postales y regalos ha quedado en segundo plano la gran aventura del nacer. Creo que, al menos en asuntos como este, deberíamos dejar de vivir estas situaciones como algo cotidiano y darle un puntito de metafísico, de trascendental, convertirnos en "ñoños". Pienso que un tema como el alumbramiento de un bebé es algo mágico. Lo digo en serio. Sé que puede parecer que me he tomado algo psicotrópico, pero creo que realmente el concebir una vida es ¡¡algo psicotrópico!! Que una personita pueda formarse en el interior de una barriguita que vi a punto de explotar hace unos días, e inexistente hace nueve meses....
Creo que esto hay que celebrarlo por todo lo grande, si no se hace con esto, ¿¿¿con qué sino???
Bienvenido al mundo, Julián. Te deseo toda la felicidad junto a tus papis, tus abuelos, tus tios, y sobre todo a Olaya, esa hermanita de tres años que ya apunta maneras con la responsabilidad de "hermana mayor".
Muchos besines.... (que ya te los daré)

lunes, 9 de noviembre de 2009

Ira

Uno, dos y tres yo me calmaré; cuatro, cinco y seis, todos lo veréis.

La ira, ¡ahhh, la iraaaa!

Por mucho que digan no hay forma de canalizarla. La ira llega y te invade, se apodera de ti, quieres hacerte dueña de la situación pero cuando has conseguido mantener a raya el cerebro te das cuenta de que todo el cuerpo te tiembla y las extremidades, las manos y los pies, están en tensión, en tanta tensión que podrías asegurar que te han crecido un palmo de su tamaño normal.

El corazón, a cien por hora; la respiración, abundante, continua, pero entrecortada, con dificultades para llegar al fondo de los pulmones donde encontrarían el oxígeno necesario para que la cabeza no se moviera de un lado a otro.

El ceño fruncido no es una forma de hablar, se ha convertido en un hecho claro de tu rostro. La paciencia de repente te resulta desconocida, la tranquilidad nunca llega, la necesitas, pero en el fondo quieres seguir así, porque tú en lo hondo de todo esto tienes la razón, y lo sabes. Sabes que eres alguien normal, si no te pondrías así. Esta actitud que, paso a paso, acelerado, casi sin darte cuenta que un pie sigue a otro apresuradamente y que llevas recorridas calles sin apenas darte cuenta, no podría ser de no tener razón. De sobra conoces los motivos de los demás, pero nada importa, la razón es la tuya, y maldices al resto por pensar lo contrario, por hacerte sentir como te sientes, por hacer que tu corazón se salga del cuerpo, por haber perdido el rumbo, porque tu cerebro de vueltas sobre el asunto, porque tu ceño se frunza, porque tu paso se acelere… … … …

… … … porque tus ideas se aclaren, porque tu corazón vuelva a su sitio, aunque siga alborotado, porque tu cuello se asiente y deje el “lado a lado”, porque tus pulmones alcancen por fin el fondo donde está el oxígeno, porque los demás tenían sus motivos, porque igual me he pasado, porque sigo teniendo razón, porque estas no son las formas, porque las cosas se hablan, porque mi corazón está relajándose, porque no soy quién, porque no me gustan estas situaciones, porque esto hay que hablarlo, porque mi cuerpo se relaja, porque me siento agotada, mi extremidades merman, porque me siento mal, porque necesito un abrazo, porque no lo tengo, porque así no me acuesto…

Porque mi cuerpo manda sobre mi, porque no puedo evitarlo. Porque necesito un abrazo, porque no lo tengo. Porque con odio se ha escrito la Historia, porque yo no la escribiré. Porque con razón o sin ella las cosas no son así, porque es una frase hecha, pero guarda gran verdad.

Porque en el fondo, y es como empezaba esto, ellos no tienen la culpa, la ira la tiene. Las cosas se arreglan y la ira, no descansa, un cuerpo con ira, no descansa. Parece que la ira se ha ido, que el cuerpo descansa. Pero sí, necesito un abrazo; y no, no lo tengo; porque si lo tuviera rompería a llorar; porque no, no hay porqué. La cosa no quedará así, y esto siempre es preludio de algo negativo, pero esta vez, ahora, expondré de nuevo mis razones, porque la ira ha salido de mi, mi cuerpo es libre, ¡que entre el diálogo y el oxígeno en mis pulmones…! Ahora soy yo sola. Sin embargo, siento que soy susceptible de tenerla otra vez… Esperemos que tarde… Me daré tiempo …

Una dos y tres, yo me calmaré; cuatro, cinco y seis… y siete y ocho, y nueve y diez!!!

Canción: The call, Regina Spektor. Ending of Chronicles of Narnia. Prince Caspian.

martes, 25 de agosto de 2009

Problemas, problemas, problemas

¡¿Y quién no tiene problemas?! Pero la cuestión es, ¿cómo son los problemas de cada uno? Está claro que a cada persona le afectan de una forma; y parece lógico que en esta vida existe una especie de ranking de problemas que va de mayor a menor importancia. Pero hay que reconocer que, depende del momento en el que cada uno se encuentre, algo puede ser una tontería o un gran motivo de preocupación.

Hay muchos tipos de problemas: físicos, psíquicos, familiares, laborales, económicos, amorosos, incluso existenciales. Existen personas con tendencia a preocuparse por todo y hacer de todo un mundo. También hay personas que rara vez se preocupan por algo. De la misma forma, hay gente ocupada en juzgar por qué otros se preocupan por tonterías. Quién no ha escuchado alguna vez frases como “pues que todos tus males vengan por ahí”, a lo que dan ganas de responder: “Ya, pero ahora mismo, esta bobada, son todos mis males”. Y es cierto, ¿por qué alguien no va a poder inquietarse por tonterías sin importancia si en ese momento así lo siente? Reivindico el derecho de las personas a preocuparse por lo que quieran, siempre que no molesten a los demás, claro está.


Como casi todo en la vida, el tamaño de un problema depende del cristal con el que se mire, por eso recomiendo a la gente que no se dedique a juzgar a la ligera los problemas de los demás. Algunos son tan sumamente graves que todo el mundo, sin que nadie diga nada, le da la importancia que se merece: terribles enfermedades, tragedias familiares, enormes precariedades económicas en las familias, y cómo no, los grandes males del mundo como las guerras y el hambre.

Pero no quiero ir tan lejos. En este momento quiero detenerme en los pequeños problemas cotidianos, los personales, los que hacen que alguien se entristezca y padezca la terrible sensación de vacío interior o las punzadas en la boca del estómago. Esas preocupaciones diarias que, en ocasiones, ni siquiera se proclaman a viva voz, ni siquiera se confiesan a un gran amigo o amiga del alma. Unas veces por temor a que “sacarlo” los convierta en reales; y otras, porque el dolor no permite que salgan al exterior. Pequeños problemas, sí. Quizá absurdos, sí. Pero para algunas personas, en ciertos momentos, incluso a sabiendas de que son asuntos realmente insignificantes, pueden centrar toda su vida sin pensar en nada más. Muchas veces esto es algo que aquellos jueces de saldo no se paran a pensar y, por lo tanto, no llegan a comprender.



Un prisma para cada persona
Una vez alguien me contaba quejándose que su pareja casi no daba importancia a los problemas que para esta persona eran como para no dormir. La misma persona, días más tarde, me confesó que su pareja le había explicado que cuando se pierde lo más importante en la vida (en este caso a su madre), el prisma con el que se miran las cosas varía considerablemente. Aquello no tuvo revocación. Sin embargo esta historia me hizo pensar en lo injusto de que, por no haber sufrido afortunadamente una pérdida semejante, su pareja considerara nimios algunos de los problemas que le atormentaban sin poder evitarlo.

Hay ocasiones en las que los problemas de los demás no deben medirse a través de los que hemos vivido nosotros mismos, puesto que el instrumento de medida sería nuestra propia escala de importancia, pero podría no ser la misma para la persona afectada. Además, en esas situaciones suele haber tantos factores que a veces la mejor solución es utilizar la empatía, ponerse en el lugar de los demás, y así comprender cómo puede llegar a sentirse el otro.

Claro está que al margen de todo esto queda esa clase de seres humanos que se pasean por la vida con una desesperante negatividad buscando problemas donde no los hay, como si en el día a día hubiera pocas cosas de las que preocuparse y ocuparse. En este tema, como en todos, también hay excepciones, manías y enfermos.

Problemas, problemas, problemas… está claro que sólo nos resta lamentarnos, y al final cada uno se queja de lo suyo.



jueves, 13 de agosto de 2009

El tiempo pasa pero la amistad no envejece

La amistad no sólo vive de esos poderosos recuerdos que forman parte de nuestras vidas. Lo increíble de una buena amistad es que, pase el tiempo que pase, esos momentos se pueden rememorar; y lo que es más importante, a partir de ahí se pueden crear otros nuevos que con seguridad se convertirán en el tema de conversación de una nueva reunión.

Recientemente, casi de modo milagroso y sin premeditación, mis amigas “de toda la vida” y yo hemos vuelto a coincidir durante unos días en nuestra ciudad natal. Allí comprobamos que, a pesar del tiempo, muchas cosas siguen igual. Unas teníamos más contacto que otras, unas nos veíamos muy a menudo… pero otras hacía un par de años que ni se veían las caras. Sin embargo, allí, en ese preciso momento, tomando unas cañas “donde siempre”, el tiempo volvía a detenerse para nosotras. Las mismas risas, las mismas bromas, las mismas anécdotas… Maravilloso.


Tras las historias pasadas y cerciorarnos de que a priori seguimos siendo las mismas, llegó el turno de las novedades: “Bueno, ¿y qué es de tu vida? ¡Cuéntanos!” Y lo grande de todo esto es que siempre hay algo nuevo que contar, aunque sea que “no hay nada nuevo que contar”. Pero, en ocasiones, los años y las experiencias vividas hacen que las personas cambiemos en algunos aspectos, y mostremos una forma de pensar, de vivir, incluso de vestir diferente a la que teníamos habitualmente. No nos engañemos, esto en principio asusta, y algunos piensan que quizá ese grupo ya no tenga tanto en común. Tanto es así que, de repente, casi como si la tertulia nos estuviera escuchando el pensamiento, nos encontramos pronunciando un “con lo que tú eras para eso” o “parece mentira que tú digas eso”. Algo ha cambiado sí, pero esto no hace más que enriquecer al grupo y demuestra que, a pesar de las nuevas actitudes, las nuevas relaciones, trabajos y nuevas ciudades de residencia, la amistad que un día nos unió continúa presente, porque si no fuera así, ¿por qué volver a juntarnos?



Todo sigue igual
Es por eso que en cada reunión, además de las novedades, alguna historia, algún detalle, expresión o gesto permite que se oiga un “estás como siempre” o “muy normal en ti”. Vaya, parece que finalmente todo sigue igual. El tiempo pasa, crecen las vivencias, las personas cambian, pero la amistad, la de verdad, parece que nunca envejece. Y tras disfrutar de unos días como si el tiempo no hubiera pasado, todo termina.


¡Hasta la próxima, pero que no se demore tanto! O sí… al fin y al cabo, todo seguirá igual.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Bienvenidos y bienvenida

Como toda persona que ha recibido un poco de educación y la pone en práctica, lo primero que quiero hacer es daros la bienvenida a mi "blog", y cómo no, dármela a mi misma también, puesto que soy nueva en estas lindes. Me alegro que estéis visitando mi página y os divirtáis un rato leyendo mis historias que, eso sí, son de todo tipo.

He de reconocer que al principio era reacia a publicar nada sobre mi, y nada amiga de todas las nuevas tecnologías y redes sociales como puede ser un blog. Pero alguien me lo sugirió y tengo tanto que escribir y tanto que decir, y tantas ideas, reflexiones y temas brotan de mi cabeza que me pregunté por qué no compartirlo con todo aquel que lo desee.

Y asi surgió este blog en el que espero no aburriros, y si es así, ya sabéis, sólo tenéis que esperar a que publique algo más de vuestro gusto. No os prometo nada, porque lo cierto es que esto es más personal que público; es como si dejara que la gente pudiera espiar algunos de los pensamientos que plasmo en "papel".

Cosas monas
Sólo me queda dar una explicación del nombre de mi blog "Cosas monas", y es que desde hace años, así llamo a todo lo que otros etiquetarían como "Varios", la culpa la tiene Bender, el robot doblador (aunque nunca doblo nada, en realidad) de la serie Futurama. Sí soy una friki de todas esas series, y cuando el utilizó esas dos palabras en el capítulo 14º de la segunda temporada (gran capítulo con una postal de felicitación esquirol y un trío de hermanos sin inigual...) para referirse a un carro de regalos que le había comprado a su progenitora en el Día de la madre, me di una panzada a reír. Fue más el cómo lo dijo, que el dicho en sí, pero desde entonces lo uso mucho.

Bueno, ya me vais conociendo un poco más.

Y para que veáis que no todo van a ser rollos, os muestro el fragmento del capítulo de Futurama del que os hablo (eso sí, son sólo dos minutos).

Si en en el fondo os va a gustar mi blog...