¡¿Y quién no tiene problemas?! Pero la cuestión es, ¿cómo son los problemas de cada uno? Está claro que a cada persona le afectan de una forma; y parece lógico que en esta vida existe una especie de ranking de problemas que va de mayor a menor importancia. Pero hay que reconocer que, depende del momento en el que cada uno se encuentre, algo puede ser una tontería o un gran motivo de preocupación.Hay muchos tipos de problemas: físicos, psíquicos, familiares, laborales, económicos, amorosos, incluso existenciales. Existen personas con tendencia a preocuparse por todo y hacer de todo un mundo. También hay personas que rara vez se preocupan por algo. De la misma forma, hay gente ocupada en juzgar por qué otros se preocupan por tonterías. Quién no ha escuchado alguna vez frases como “pues que todos tus males vengan por ahí”, a lo que dan ganas de responder: “Ya, pero ahora mismo, esta bobada, son todos mis males”. Y es cierto, ¿por qué alguien no va a poder inquietarse por tonterías sin importancia si en ese momento así lo siente? Reivindico el derecho de las personas a preocuparse por lo que quieran, siempre que no molesten a los demás, claro está.
Como casi todo en la vida, el tamaño de un problema depende del cristal con el que se mire, por eso recomiendo a la gente que no se dedique a juzgar a la ligera los problemas de los demás. Algunos son tan sumamente graves que todo el mundo, sin que nadie diga nada, le da la importancia que se merece: terribles enfermedades, tragedias fami
liares, enormes precariedades económicas en las familias, y cómo no, los grandes males del mundo como las guerras y el hambre.Pero no quiero ir tan lejos. En este momento quiero detenerme en los pequeños problemas cotidianos, los personales, los que hacen que alguien se entristezca y padezca la terrible sensación de vacío interior o las punzadas en la boca del estómago. Esas preocupaciones diarias que, en ocasiones, ni siquiera se proclaman a viva voz, ni siquiera se confiesan a un gran amigo o amiga del alma. Unas veces por temor a que “sacarlo” los convierta en reales; y otras, porque el dolor no permite que salgan al exterior. Pequeños problemas, sí. Quizá absurdos, sí. Pero para algunas personas, en ciertos momentos, incluso a sabiendas de que son asuntos realmente insignificantes, pueden centrar toda su vida sin pensar en nada más. Muchas veces esto es algo que aquellos jueces de saldo no se paran a pensar y, por lo tanto, no llegan a comprender.

Un prisma para cada persona
Una vez alguien me contaba quejándose que su pareja casi no daba importancia a los problemas que para esta persona eran como para no dormir. La misma persona, días más tarde, me confesó que su pareja le había explicado que cuando se pierde lo más importante en la vida (en este caso a su madre), el prisma con el que se miran las cosas varía considerablemente. Aquello no tuvo revocación. Sin embargo esta historia me hizo pensar en lo injusto de que, por no haber sufrido afortunadamente una pérdida semejante, su pareja considerara nimios algunos de los problemas que le atormentaban sin poder evitarlo.
Hay ocasiones en las que los problemas de los demás no deben medirse a través de los que hemos vivido nosotros mismos, puesto que el instrumento de medida sería nuestra propia escala de importancia, pero podría no ser la misma para la persona afectada. Además, en esas situaciones suele haber tantos factores que a veces la mejor solución es utilizar la empatía, ponerse en el lugar de los demás, y así comprender cómo puede llegar a sentirse el otro.
Claro está que al margen de todo esto queda esa clase de ser
es humanos que se pasean por la vida con una desesperante negatividad buscando problemas donde no los hay, como si en el día a día hubiera pocas cosas de las que preocuparse y ocuparse. En este tema, como en todos, también hay excepciones, manías y enfermos.
Problemas, problemas, problemas… está claro que sólo nos resta lamentarnos, y al final cada uno se queja de lo suyo.
Una vez alguien me contaba quejándose que su pareja casi no daba importancia a los problemas que para esta persona eran como para no dormir. La misma persona, días más tarde, me confesó que su pareja le había explicado que cuando se pierde lo más importante en la vida (en este caso a su madre), el prisma con el que se miran las cosas varía considerablemente. Aquello no tuvo revocación. Sin embargo esta historia me hizo pensar en lo injusto de que, por no haber sufrido afortunadamente una pérdida semejante, su pareja considerara nimios algunos de los problemas que le atormentaban sin poder evitarlo.
Hay ocasiones en las que los problemas de los demás no deben medirse a través de los que hemos vivido nosotros mismos, puesto que el instrumento de medida sería nuestra propia escala de importancia, pero podría no ser la misma para la persona afectada. Además, en esas situaciones suele haber tantos factores que a veces la mejor solución es utilizar la empatía, ponerse en el lugar de los demás, y así comprender cómo puede llegar a sentirse el otro.
Claro está que al margen de todo esto queda esa clase de ser
es humanos que se pasean por la vida con una desesperante negatividad buscando problemas donde no los hay, como si en el día a día hubiera pocas cosas de las que preocuparse y ocuparse. En este tema, como en todos, también hay excepciones, manías y enfermos.Problemas, problemas, problemas… está claro que sólo nos resta lamentarnos, y al final cada uno se queja de lo suyo.
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