miércoles, 23 de diciembre de 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009
Adiós a Brittany Murphy

Mis entradas continúan girando en torno al cine, pero esta vez por una desgraciada noticia. La actriz Brittany Murphy ha muerto. . La verdad es que no me lo puedo creer y me da mucha pena. Es una actriz que me encantaba, me parecía muy guapa, muy simpática, muy dulce y muy alegre. Al menos eso es lo que me transmitían los papeles de sus películas. Es de esas personas que no conoces pero que te caen muy bien.
En el fondo soy un poco bruja, porque el otro día estaba viendo Niñera a la fuerza (en la que comparte cartel con Dakota Fanning, a quien nombré en mi anterior entrada por su mínima participación en Luna Nueva, y quien está increíble en esta película a pesar de su corta edad, y aún más en El Escondite, escalofriante peli de terror)y me paré a pensar lo monísima que era esta chica y lo simpática que parecía. Además, me fije en que, últimamente, estaba muy delgada. Pero no empecemos a adelantar acontecimientos porque de momento sólo se sabe que falleció por un paro cardíaco. De Brittany Murphy me quedan en la memoria, además de

múltiples series y doblajes de filmes de animación, papeles como Ni una palabra, junto a Michael Douglas; Inocencia interrumpida, con Angelina Jolie; una infumable y enésima versión de la Profecía, con Christopher Walken; y grandes comedias románticas como Amor y otros desastres, y Recién casados (recomendable para estas navidades), con Ashton Kutcher, con quien mantuvo una relación fuera de las cámaras y quien se ha apresurado a expresar sus condolencia en su página de Twitter.

Lamento muchísimo su muerte, de verdad, y más cuando leo rumores como que ella y su marido, el guionista británico Simon Monjack,pretendían tener su primer hijo en 2010...
sábado, 19 de diciembre de 2009
Luna Nueva y pectoral

La segunda película perteneciente a la saga Crepúsculo ha resultado, como bien se había anunciado, un despliegue de pectorales musculados para el disfrute de la vista. Y yo, encantada. El vampiro más de moda está estupendo, como en la anterior cinta. Bella, muy mona y muy enamorada. Sin embargo, la gran revelación de esta película es el amigo Jacob. Cómo decirlo finamente para no caer en delito (puesto que es menor)... digamos que el chico está muy bien, vamos, que no le duele nada. De sobra nos han metido por los ojos en la promoción que el joven indio ha crecido, ¡y muy pero que muy bien! y así ha resultado. Y es que te dan ganas de volverte "filanlicántropa" (si es que este término pudiera llegar a existir).
Por lo demás, la historia me deja un poco fría. Se citan a personajes como la actriz Dakota Fanning, que interpreta a Jane, y esto que os digo os deja como si nada, ¿verdad? ¡Lógico! Que no sepáis quién es se debe a que aparece unos siete minutos en todo el filme y tiene, creo que son, tres frases... La verdad es que admiro a esta chica, porque creo que siendo muy niña ha hecho grandes papeles, pero en Luna Nueva... como que me sabe a poco.
Lo cierto es que me quedo con Crepúsculo, y no es para llevar la contraria a mis amigas; es que la historia me llegó más al corazón. Creo que ésta pecó de mucha espectación. Lo cual no quiere decir que no esté deseando que llegue a los cines la siguiente: Eclipse.
http://www.twilightthemovie.com/
viernes, 18 de diciembre de 2009
Como las muñecas de Famosa...
Parece que la sal, el trabajo realizado por los vecinos y comerciantes con las palas, y el día soleado no han afectado a la nieve que aún sigue en nuestras aceras y carreteras. ¿Lo peor de todo? que las temperaturas de -1 grado de máxima, y -11 de mínima han convertido las vías en placas de hielo que son terriblemente peligrosas, pero que también tienen su punto de gracioso al descubirte a ti misma caminando como Chiquito de la Calzada.
Es en estas situaciones cuando te das cuenta de que necesitas comprarte unas buenas botas de goma que agarren y a la vez que sean impermeables. Y ya que te pones, pues ¿por qué no comprarlas de un tono colorido y alegre para paliar la tristeza invernal? Pues mira no, resulta que no las vas a comprar de ningún color y forma porque las catiuscas de toda la vida ¡¡se han agotado en la capital leonesa!! (Por cierto, calzo un 40-41 para poner con calcetín bien gordo... ¡se aceptan regalos!)
En vista del percal, creo que no me queda más remedio que quedarme en casa, enroscarme en una manta, tomarme un chocolate caliente y ver una buena peli... ¡Qué sufrida! ¿no?
jueves, 17 de diciembre de 2009
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Ya está aquíííííí
martes, 15 de diciembre de 2009
No tener pareja disminuye la independencia
No tener pareja disminuye la independencia. No, no es una contraindicación farmacológica de un medicamento, es la pura verdad. Tras años de soledad amorosa, he podido demostrar empíricamente cómo la falta de pareja reduce de manera considerable la autonomía de una persona. Sé que es paradójico, pero me explicaré. Partamos de la base de lo obvio que es que estando en pareja la parcela personal queda mermada; por lo que alguien podría pensar que las personas que están solas son libres como el viento… ¡pues no! Y os lo voy a demostrar.
Mis planes son no tener planes
Si no tienes pareja y aún eres joven tus padres no entienden cómo no quieres ir a pasar unos días con ellos a la casina del pueblo. En cambio, si tienes pareja, ni te lo proponen. Si no tienes novio, tu familia no entiende por qué no acudes a la típica comida familiar, que en caso de tener pareja sería totalmente eludible puesto que “la niña tiene otros planes”. Si no tienes pareja, no puedes tener otros planes, parece como que no es compatible; incluso si tus planes son no tener planes.
No obstante, la familia no es la única “institución” donde ocurre esto. Los amigos no entienden por qué no vas a esa fiesta tan increíble si no tienes novio. Hasta que te embrollas en mil excusas para decir que, simplemente, ese día no te apetece. Pero si tienes pareja, entienden perfectamente que vayas a otro sitio con ella.

Dos máximas: Los solteros no siempre quieren juerga, y los casados no tienen por qué estar “muertos”
Quiero sentar dos bases para entender la vida de los solteros. Uno: aunque estemos solteros, no siempre queremos ir a una súper fiesta o acudir a un planazo increíblemente divertido. En muchas ocasiones también puede apetecernos quedarnos en casa a ver una peli, leer un libro, o no hacer nada, sin más. Y no por eso nos pasa algo raro. También aprovecho para comunicar a todos los casados, “arrejuntados” o “ennoviados” del mundo que, de la misma manera que nosotros podemos quedarnos en casa un sábado, vosotros cualquier otro sábado podéis salir de fiesta, porque tener pareja no implica una muerte social, como normalmente ocurre.
Y segundo: No por estar solos tenemos que comernos todas las reuniones familiares o actos similares a los que estamos muy a gusto sin acudir y a los que no se nos invitaría si tuviéramos pareja. Y qué me decís de aquello de “¿pero qué vas a hacer tú sola?”… eh, estar sola, precisamente. Disfrutar de mi apreciada independencia personal, la que aún no me habéis robado.
El problema de los nuevos solteros
Sin embargo yo ya estoy acostumbrada a lidiar con todos estos temas, al fin y al cabo mi vida es una pura explicación andante. El gran problema lo tienen los nuevos solteros, los que tras años de muerte social en pareja han vuelto a disfrutar de su independencia externa en detrimento de la interna a manos de su familia y amigos. Tras años de vacaciones en pareja sin dar porqués y cómos a nadie, ahora se encuentran con la labor de tener que decidir si quieren o no acompañar a sus padres de vacaciones a la costa…
Esto es peor.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Primera vez
domingo, 13 de diciembre de 2009
Decepciones
Creo que tengo la clave de todas las decepciones del mundo: las esperanzas. Si no se pusieran tantas esperanzas en algo o alguien no existirían las posteriores decepciones. Lo sé, no he descubierto la panacea; no obstante, pienso que su obviedad radica más en la teoría que en la práctica, porque, si lo sabemos, ¿por qué seguimos decepcionándonos? Supongo que esto es como el amor, como el vicio… forman parte de la estupidez humana (que la hay, y es muy grande). Sabemos que caeremos, sabemos que posiblemente perdamos y que nos dolerá, pero con todo y con eso, picamos.
Sin duda creo que todos sabemos que en la mayor parte de las ocasiones, la decepción nace de una gran virtud, quizá la más virtuosa (valga la redundancia): la bondad. La que mostramos a veces al esperar algo bueno de alguien, craso error en multitud de ocasiones, sobre todo en las que se basan en la experiencia.
¡No me lo esperaba de él!
En mi opinión, la decepción es una apuesta ciega, apostamos a que el destino siempre nos será favorable… absurdo del todo, lógicamente.
He podido comprobar también el punto sorprendente de la decepción porque siempre se oye eso de: ¡No me lo esperaba! Cuando esto sucede, no puedo evitar preguntarme si eso no podríamos haberlo evitado, simplemente por mi error de esperar de la gente más de lo que estos pueden o quieren ofrecer. Luego el epicentro de esta cuestión es que hay que conocer muy bien a la gente que nos rodea, así sabremos siempre hasta donde podemos esperar algo de ellos.
En mi caso, de vez en cuando (casi coincidiendo con cada decepción), analizo la relación que mantengo con las personas que me rodean: familiares, compañeros, pareja, amigos… (sobre todo estos últimos, que casi siempre son los que más problemas dan). Me detengo y pienso cómo es cada uno y cómo actúa conmigo, y entonces decido actuar en consecuencia. Pasado el tiempo he llegado a pensar que es un error actuar como realmente queremos, pienso que es mejor actuar como actúan con nosotros, así nunca daremos más que los demás, y por lo tanto nunca nos sentiremos mal por no recibir lo mismo.
Caminar con pies de plomo
Así sabré que no pasa nada porque uno se haya olvidado de felicitarme el cumpleaños; él es muy malo para las fechas, sin embargo está ahí para todo lo demás. Tampoco me enfadaré porque otra no quiera acompañarme a un viaje, porque sé que esa persona nunca se apuntará a una gran aventura, pero sí la tendré para otras muchas cuestiones. También sabré quién es un excelente compañero de fiesta, pero a quien le aturden los problemas que puedas contarle. Porque muchas veces las decepciones nos las propiciamos nosotros mismos por esperar mucho de la otra persona. No dudo de que quien tiene un amigo tiene un tesoro, pero quien tiene un amigo completo ha encontrado el paraíso, y como eso no es muy fácil que digamos, mejor conocer a cada amigo y saber qué esperar de él en cada momento. (Lo mismo ocurre con la pareja, pero eso es un capítulo más amplio). Es una buena terapia, la recomiendo.
Al margen de todo esto quedan las grandes decepciones, las que aún sabiendo cómo es la persona te llegan a lo más profundo del corazón y te duelen para los restos. Qué duda cabe de que éstas son las peores, y para éstas no he encontrado solución todavía.
De todas formas, y sin querer desmontar mi teoría, creo que tarde o temprano volveré a decepcionarme porque, no nos engañemos, la esperanza nunca se pierde, y además, sería muy triste que así fuera, pero nunca está de sobra llevar pies de plomo.




